Vivimos tiempos difíciles en nuestra América Latina. A la actitud agresiva del gobierno de los Estados Unidos (EEUU) y su intromisión descarada en los procesos internos de varios países de la región debemos sumarle el avance de la derecha en el continente.
Donald Trump asumió la presidencia de los EEUU en enero del pasado 2025. Desde ahí podemos anotar en un rápido resumen: Enorme despliegue militar en el Caribe, bombardeo a más de 35 lanchas causando más de 100 muertos en el Caribe y en el Pacífico (todo esto con el pretexto del combate al narcotráfico pero sin presentar pruebas en ninguno de estos casos, por tanto estamos frente a asesinatos que permanecen impunes); ataque a Venezuela causando más de 100 muertes nuevamente y secuestrando a su presidente, Nicolás Maduro junto a su esposa Cilia Flores; aumento del criminal embargo a Cuba prohibiendo el suministro de petróleo amenazando con sanciones a aquellos países que quisieran hacerlo; intromisión decisiva en el proceso de elecciones legislativas de medio tiempo en Argentina, también en las elecciones de Honduras donde logró imponer un presidente de extrema derecha, intromisión en Brasil y ataques a Petro, el presidente colombiano, etc. A este resumen podríamos agregar la propia situación a la interna de los EEUU con los inmigrantes, persecución y asesinatos.
Una “foto” de los avances de la extrema derecha en la región puede ser la participación en la cumbre convocada por Trump, a la que denominó “Escudo de las Américas” y que se llevó a cabo el 7 de marzo en Miami: los presidentes Javier Milei de argentina, Rodrigo Paz de Bolivia, José A Kast de Chile, Rodrigo Chaves de Costa Rica, Daniel Noboa de Ecuador, Nayib Bukele de El Salvador, Irfaan Ali de Guyana, Nasry Asfura de Honduras, José R Mulino de Panamá, Santiago Peña de Paraguay, Luis Abinader de República Dominicana y la Primera Ministra de Trinidad y Tobago, Kamis Persad-Bissessar. Los objetivos de esta cumbre: crear una alianza para combatir al narcotráfico, controlar la migración y contener la influencia de China en la región.
En este marco es que las elecciones de Colombia y Brasil que se realizarán este año 2026 cobran una importancia relevante para el futuro próximo de nuestro continente. Los dos países comparten las características de tener hoy gobiernos de izquierda y las posibilidades ciertas de que esos procesos continúen aunque se esperan reñidas competencias en los dos casos.
Colombia elige presidente el 31 de mayo en primera ronda y eventualmente segunda el 21 de junio. El pasado domingo 8 de marzo se realizaron las elecciones legislativas en este país quedando allí definida la composición del congreso con el que tendrá que gobernar el próximo presidente que asumirá el 7 de agosto. El gobierno actual encabezado por Gustavo Petro, primer gobierno de izquierda en Colombia, no cuenta con mayoría en el Congreso. Esto le ha dificultado bastante en cuanto a las reformas que se proponía aunque otras si se pudo llevar adelante. En estas elecciones legislativas el Pacto Histórico (PH), fuerza política del presidente y del candidato Iván Cepeda, fue el partido ganador obteniendo el 23% de los votos. Estos resultados le estarán asegurando 23 senadores (en 102) y 39 diputados (en 180) aunque el escrutinio definitivo puede generarle algunas bancas más. Segundo resultó el Centro Democrático (del ex presidente Uribe), recuperándose de un período de notoria caída, obteniendo 17 senadores. Esta fuerza política de derecha también eligió en esta instancia a su candidata presidencial, Paloma Valencia, descendiente de una familia de esclavistas.
En el semanario Voz, bajo el título “Somos la mayoría”, leemos:”Por primera vez en el marco de la Constitución del 91, más de la mitad de los colombianos votaron en las elecciones legislativas llevando al PH a la victoria electoral…Las madres de los soldados que este año recibieron su primer salario, los ancianos que nunca esperaron recibir una pensión y que por primera vez gozan de una vejez digna, los campesinos que han podido sustituir, por medio de políticas integrales, más de 42000 hectáreas de cultivo de uso ilícito, todos hacen parte de esa mayoría que salió a votar…En proporciones igualmente históricas seremos la mayoría en la primera vuelta”.
La otra gran elección, y la más importante sin duda, es la de Brasil. Esta ocurrirá en octubre pero el proceso ya está prácticamente desatado. En todas las encuestas Lula, actual presidente, aparece como ganador en la primera vuelta. También se impondría en el balotaje aunque por escasa diferencia y dentro del margen de error. Cuando le preguntamos a un veterano dirigente del Partido Comunista de Brasil ( PCdoB) por el crecimiento, en las encuestas, del candidato ultraderechista Flavio Bolsonaro ( hijo del ex presidente hoy preso por intentar dar un golpe de Estado) nos dijo: “Sigo afirmando que el favorito es Lula aunque serán elecciones muy reñidas y no será fácil”.
El PCdoB realizó su 16 Congreso en octubre de 2025, allí en la sesión inaugural participó el presidente Lula. Dio un extenso discurso lleno de entusiasmo, convencido de la victoria y llamando a la unidad de la izquierda para hacerla posible. El Comité Central surgido de ese congreso se reunió en diciembre, en su resolución señala tres grandes desafíos: “luchar por una nueva victoria de la nación y de la clase trabadora en 2026, con la reelección del presidente Lula; batallar por la realización de los cambios estructurales que remuevan las amarras neoliberales y neocoloniales que traban el desarrollo soberano del país; y revigorizar y reposicionar el PCdoB para un nuevo ciclo de acumulación de fuerzas, teniendo como centro, en este período, la victoria de su proyecto electoral en 2026”. El documento, resaltando el favoritismo de Lula, indica además que éste tiene “a su favor un conjunto de realizaciones y conquistas, por ejemplo el impuesto de renta cero para quienes ganan menos de 5 mil reales, reducción para quien gana hasta 7350, además de la tasa para las rentas elevadas. La caída de la inflación, el record del índice de empleo, las realizaciones de la “Nueva Industria Brasil”, el avance de la ciencia, de la tecnología y de la innovación y el crecimiento de la economía…El presidente Lula cuenta además con una serie de exitosas políticas sociales, así como su prestigio en el escenario internacional”.
Para los comunistas brasileros “la táctica correcta es la construcción, desde ya, de una amplia alianza que tenga el protagonismo de la izquierda, atraiga al conjunto de las fuerzas progresistas y que incorpore, necesariamente, el máximo de centro y centro-derecha, y busque dividir y aislar a la alianza de la derecha y de la extrema derecha, explotando sus contradicciones. Efectivizar esa táctica demanda la construcción de un programa…que movilice al pueblo y contribuya para reunir el máximo de fuerza. Será necesario, también, trabar intensa lucha política e ideológica para enfrentar la guerra cultural, lo que demanda preparar la campaña y los militantes para esa tarea indispensable”.
El gobierno de Lula impulsa la reducción de la semana laboral a 5 días (la semana laboral pasaría de 44 a 40 horas sin disminuir los salarios). Esta será una próxima gran bandera del gobierno junto con las demás políticas sociales ya implementadas. Esta iniciativa, obviamente, es rechazada por la Confederación Nacional de la Industria (CNI). El director de Relaciones Institucionales de la CNI les pidió a los legisladores que no aprueben lo que denominó una “trampa populista”. En fin, parece que las patronales actúan igual en todos los países.
Claro está entonces la necesidad del triunfo de la izquierda en estos dos países hermanos. Que así sea por el bien de los pueblos de nuestra América.
Daniel dalmao

