50 años del golpe de Estado en Argentina y un gran ¡Nunca Más!

50 años del golpe de Estado en Argentina y un gran ¡Nunca Más!

“Todo está guardado en la memoria/sueño de la vida y de la historia…Todo está clavado en la memoria/espina de la vida y de la historia…Todo está cargado en la memoria/arma de la vida y de la historia”. (“La memoria, León Gieco)

El martes 24 se cumplieron 50 años del último golpe de Estado en la hermana República Argentina que dio inicio a una cruenta dictadura que se extendió por siete años y medio.

Desde días atrás, semanas quizá, se estaba viviendo un intenso clima preparatorio de la gran movilización realizada. Infinidad de organizaciones políticas y sociales y colectivos de diverso tipo fueron parte de la convocatoria.

Es un hecho histórico- político de enorme significación que trasciende largamente al propio país en cuestión y adquiere una dimensión continental, por lo menos. Las expectativas generadas respecto a la conmemoración de este aniversario tiene que ver con ese significativo número, 50 años, medio siglo, pero también con el impacto que sigue teniendo aún en la gente y además con el difícil momento que está viviendo el país consecuencia del gobierno Milei y su cruel experimento social de fenomenal ajuste sobre las clases populares.

Apenas comenzado el 24 de marzo de 1976, el helicóptero que transportaba a la presidenta María Estela Martínez de Perón (“Isabelita”) hacia la quinta de Olivos fue desviado hasta el Aeroparque Jorge Newbery donde los oficiales que la recibieron le comunicaron que: “Las fuerzas armadas se han hecho cargo del poder político y usted ha sido destituida” (La viuda de Perón permaneció detenida por cinco años). A las 3.10 se cortó la programación de televisión y radios para emitir el “comunicado número uno de la Junta de Comandantes Generales” dando a conocer al país que tomaban el control, es decir que estaban dando un golpe de estado. Siguió una larga noche que trajo persecución, detenciones clandestinas, tortura, muertes y 30 mil desaparecidos. Esta dictadura cívico-militar-eclesiástica, como resaltan actualmente los argentinos, llegó en un momento donde ya la mayoría de los países sudamericanos padecían la misma situación. Dictaduras todas impulsadas por los gobiernos estadounidenses e inspiradas en la doctrina de la seguridad nacional que emanaba del mismo centro imperial. Todas con los mismos objetivos, más allá de particularidades propias de cada país: frenar las movilizaciones populares que reclamaban cambios profundos, con la excusa de la lucha contra el comunismo y el marxismo e imponer un modelo social y económico a sangre y fuego ya que de otra manera era imposible hacerlo en aquellos tiempos.

El escritor Alejandro Horowicz-autor de “Los cuatro peronismos”-en su libro “El Kirchnerismo desarmado (Ariel, 2023) resalta que: “Entre 1976 y 1982, según el censo publicado por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC), la clase obrera industrial vio reducida su presencia en el aparato productivo en 300.000 plazas…lo que equivale a una merma del 15%. La disminución se vio acompañada por un recorte-a valores constantes- del salario real, que osciló, según la rama, entre el 40 y 60% con relación al de 1974. Esa mengua en un lapso tan breve no tiene antecedentes en la historia política nacional”. Y más adelante: “No se trata solamente de un incremento en la extracción de plusvalía absoluta y relativa. El producto bruto industrial per cápita, que entre 1940 y 1975 creció ininterrumpidamente, se redujo a valores de 1970. El nivel de deterioro del consumo popular se vio acompañado por un proceso de reconversión industrial y concentración económico-financiera sin parangón histórico en América del Sur”. El autor agrega que “la gestión económica de Martínez de Hoz (ministro de Economía de la dictadura) permitió la más formidable acumulación de capital financiero que el bloque de clases dominantes obtuviera en período alguno”… esto explica que “en términos estrictamente económicos ,la clase obrera retrocedió frente a la burguesía, al tiempo que el proceso de recesión sistemática…permitió garantizar la tasa media de ganancia con el sencillo artilugio de incrementar el ejército permanente de desocupados y subocupados”. Como última referencia a este trabajo de Horowicz tomamos la observación que hace, basándose en el informe titulado “Nunca más” de la CONADEP, en cuanto a que “El 60% de los detenidos-desaparecidos son obreros. Más aún, no se trata de obreros elegidos al azar: son delegados y activistas fabriles, los mejores hijos de la clase obrera, su estructura de cuadros alternativos”.

El periodista Fernando Rosso tituló su editorial de “El Círculo Rojo” (Radio Con Voz 21 de marzo): “Una masacre de clase”. Dijo allí: “Hace 50 años no cayó simplemente una noche larga sobre la Argentina. Cayó una clase social entera con sus perros de presa, sus contadores, sus jueces, sus obispos, sus editorialistas y sus generales. Cayó el terror organizado desde arriba para volver a poner las cosas en su lugar…el golpe del 24 de marzo de 1976 fue mucho más que un crimen de Estado. Fue una operación quirúrgica de contrarrevolución social, una carnicería planificada para extirpar de la Argentina la idea misma de que el orden podía ser discutido desde abajo…Vinieron por la clase trabajadora organizada, por las comisiones internas, por los delegados combativos, por el movimiento estudiantil, por los intelectuales críticos…Vinieron, en definitiva, porque había demasiada clase obrera y demasiado pueblo metido en la historia”.

Por supuesto que hay otra visión de esta historia. Están los negacionistas, los que pretenden relativizar la dimensión de los crímenes de la dictadura. Los que niegan el número de 30 mil desaparecidos. Los que hablan de una guerra donde las fuerzas armadas debieron combatir al terrorismo y al comunismo internacional. En esta guerra para defender el pueblo y las instituciones, hubo víctimas de los dos lados. Por eso hay que “contar la historia completa”, etc. En fin, la famosa y nunca demostrada “teoría de los dos demonios”. Si, esa misma que con tanto ahínco defendió y fue entusiasta promotor el ex presidente Julio M. Sanguinetti, aquí en nuestro país. El gobierno de Milei es parte de esa “visión”, por eso volvió a emitir el mismo martes 24 un video provocador como ya lo ha hecho en misma fecha del 2024 y 2025.

Emilia Segota, quien tiene a su cargo en el Partido comunista de argentina (PCA) la tarea militante de recuperar y preservar la memoria en el PCA, en diálogo con la publicación “Nuestra Propuesta” dice: “Al recorrer los hechos vemos que hay una continuidad, que lo del 24 de marzo no comenzó ahí…,ya que había una larga historia de presos políticos, de torturas y de ejercicio del terrorismo estatal que después se expresó durante la última dictadura como terrorismo de Estado liso y llano”. Relacionando la matriz ideológica y económica que tenían los artífices del golpe en 1976 con la que actualmente intenta imponer el bloque de poder por medio de la presidencia Milei: “Esto es así,…, hay un gobierno que perpetra un acoso social permanente, un ataque e insulto diario, que no deja nada útil para la sociedad y busca destruir todo, desde una fábrica importantísima hasta cometer los peores actos de sumisión con Donald Trump para entregar nuestras riquezas y territorio”.

Enormes las movilizaciones el 24 en Argentina, en Plaza de Mayo en Bs As y en plazas de todo el país. Con las fotos de los desaparecidos, con consignas como, “que digan donde están” ,reclamando por los nietos que no han sido recuperados aún, con cifras record de participantes en varias de las principales ciudades.

Una nota muy emotiva de ese día la dio el video difundido donde León Gieco fue hasta la casa de Estela de Carlotto, la presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo, y le cantó allí “La Memoria”.

Por “Memoria, Verdad y Justicia” para la Argentina y para toda nuestra América. ¡Nunca Más!

Daniel Dalmao