En la tarde del jueves se realizó un nuevo taller en el local de la Escuela del barrio La Amarilla, instancia en la que familias que integran el grupo de 82 familias que serán realojadas en nuevas viviendas compartieron sus experiencias, expectativas y emociones ante este importante cambio en sus vidas.
Durante la jornada, varias de las participantes destacaron la esperanza y tranquilidad que representa acceder a una vivienda digna luego de años de vivir en condiciones precarias.
Ana Laura Vietro, de 41 años y madre de tres hijos, expresó con emoción lo que significa este proceso para su familia.
“Estoy muy contenta. Es una sorpresa enorme. La verdad que estoy muy feliz por mis hijos; es un logro que nunca en la vida se me cruzó por la mente. Es algo increíble, hermoso, un sueño en realidad”, señaló.
También relató las dificultades que atraviesan actualmente y cómo la nueva vivienda cambiará la calidad de vida de toda la familia.
“Hoy vivimos en un rancho precario y esto va a cambiar todo. Mi hijo va a tener su cuarto. Tengo un hijo autista y otro hijo con problemas de salud, y todos vamos a poder vivir mejor. Estamos muy contentos, es algo que no tiene explicación”, agregó.
Por su parte, Pamela Rosa, de 20 años, remarcó las dificultades cotidianas que enfrentan actualmente en el asentamiento y la expectativa que genera el futuro traslado.
“Va a cambiar muchísimo. Acá tenemos complicaciones con los terrenos, las calles y los olores del saneamiento. Vamos a tener un buen terreno, en una buena zona, y las viviendas son hermosas. Las esperamos con ansias porque hace mucho tiempo venimos esperando esta oportunidad”, manifestó.
Asimismo, agradeció el apoyo recibido durante el proceso y afirmó que viven esta etapa “con una sonrisa”, entendiendo que para muchas personas acceder a una vivienda es algo muy difícil de alcanzar.
En tanto, Zulma Monzón, de 36 años, destacó que la posibilidad de acceder a una vivienda permitirá también mejorar la atención y acompañamiento que necesita su hijo.
“Esta nueva oportunidad no solo nos permite tener una casa propia, sino también poder afrontar terapias, viajes y asistencia para Nacho. Tener la casa es esencial para nosotros y sabemos lo difícil que es llegar a la vivienda propia, incluso trabajando muchísimo”, expresó.
Monzón también agradeció especialmente el acompañamiento brindado por el equipo de Vivienda y Hábitat del Gobierno de Salto.
“Desde que presentamos nuestra situación siempre estuvieron preocupados y buscando alternativas para nosotros. Hoy estamos llegando a este momento tan esperado, a punto de tener nuestra casa”, concluyó.
El proceso de realojo de las 82 familias del asentamiento La Amarilla continúa avanzando a través de instancias participativas y de acompañamiento social, buscando garantizar mejores condiciones de vida y un entorno más digno para las familias beneficiarias.


